¿Tienes un plan mejor para el 18 de mayo?

El próximo 18 de mayo a las 19:00 horas, en el Teatro Municipal de Armilla (Granada), la Asociación Armilla Solidaria realizará una Gala Benéfica a favor de Solidarity Africa Practical Projects para colaborar en la construcción del #OrfanatoEscuelaAmenuveve que estamos llevando a cabo en Aflao (Ghana).

Será una maravillosa #Galamusical (Baile y canto), con presencia de  algunas de las #academiasdebaileycanto más reconocidas del panorama musical granadino además de la participación de los alumnos del IES ALBA LONGA. Todo un derroche de talento de artistas infantiles y adultos que nos ayudarán de forma totalmente desinteresada a que demos un empujón muy importante en la construcción de ese gran proyecto.

¿Cómo puedes participar?

#Entradas:

– Donativo: 5€

– Donativo Fila Cero de 3€ a ingresar en:

Cuenta Banco Sabadell: ES55 0081 7401 7300 0128 0634

Paypal: Proyectos Solidarios para África.

#Ventadeentradas en:

– Armilla Solidaria (armillasolidaria@hotmail.com)

– Casa de la Cultura de Armilla

– SAPP (sappngo@gmail.com)

– Teatro Municipal De Armilla (taquilla, 1 hora antes del evento)

– #Donativocuenta Banco Sabadell: ES55 0081 7401 7300 0128 0634 (Cuenta Sabadell).

– #DonativoPaypal: Proyectos Solidarios para África.

Acompañadnos para construir ilusiones 🙂

 

Experiencia de primera mano – Voluntariado en Togo

Eva Grueso ha estado realizando un voluntariado en Togo, en un orfanato, en enero – febrero. Esta es nuestra oportunidad para haceros llegar la opinión de alguien de primera mano. Os dejamos su experiencia.

Es difícil plasmar en unas líneas todo lo que representa una experiencia vital de tal envergadura, breve en el tiempo, un mes, extensa en el corazón.

El viaje a Togo ha sido mi primer contacto con África, en concreto con el Orfanato COR de Sanguera –Lomé-, en el que viven quince niños, tres jovencitas, Tatá, que cocina sencillos platos pero con enormes cantidades de nutrientes para los peques, y la Hermana Jocelyne, la artífice de esta aventura que supone dar un futuro a quien la vida parece que se lo negaba, firme en sus decisiones, bondadosa en sus actitudes, una gran persona e infatigable trabajadora.

La vida en el Orfanato comienza temprano, en torno a las 5 h. de la mañana, con una energía y una vitalidad colosal, es necesario preparar a los más pequeños (nueve), antes de que las tres mayores se marchen al Colegio, sobre las 06:30 h., teniendo por delante una hora y media de camino a pie. Es indudable que la apertura mental es imprescindible en una expedición como la presente y ello comienza desde el concepto mismo de Orfanato, no se trata de un centro de acogida de niños huérfanos en su mayoría, aunque es cierto que algunos perdieron a sus madres en el momento del parto, es más bien una casa en la que son cobijados los menores cuyas familias tienen dificultades para mantenerlos, generalmente no cuentan con un sustento económico para alimentarles y darles una educación, lo cual reciben en el Orfelinato, pero algunos de sus progenitores mantienen el contacto con sus hijos, y todos conocen sus historias personales, el primer tropiezo al que estos peques han de hacer frente.

En COR la vida es alegre, pues la música es una constante, con un ritmo que sólo ellos llevan en la sangre, difícil igualarse, aunque lo intentamos con nuestras tardes de bailes de los viernes. La mañana se desarrolla rigurosa en sus horarios, pues los niños acuden a clase en el mismo centro, tres aulas, con diferentes niveles, que reciben también a otros menores de la zona.

Es cierto que durante la primera semana es inevitable adaptarse y superar algunos bretes, nada singular, pero necesario. Desde acomodarse a la temperatura, sobre todo si viajas como yo, en el mes de enero, y sales de Madrid con un tiempo seco de tres grados bajo cero y llegas a Lomé con 32 grados y una humedad  del 70 %, el cuerpo necesita unos días para aclimatarse. Todo ello se une a la obtención del visado (sencillo en el aeropuerto, pero un trámite a realizar) y su posterior renovación, beber agua en bolsas de plástico, carecer de lavabo, ducharse con un barreño, dormir con mosquitera, comer con las manos y acostumbrarse a una dieta rica en productos agrícolas desconocidos , a base de harinas de distintos cereales condimentadas con sabores picantes aunque, en el orfanato, en este sentido, como en todos, me cuidaron extraordinariamente bien y trataron de ir introduciendo los alimentos paulatinamente, para no tener problemas estomacales, incluso cocinando con agua envasada, lo cual hizo que, afortunadamente, no pueda relatar ninguna desagradable experiencia de diarreas.

El idioma, tampoco exento de dificultades pues, el francés es la lengua oficial, es cierto, pero no es menos obvio que está tremendamente adaptado por la población togolesa y ni muchas palabras ni, por supuesto, la pronunciación, en modo alguno se asemejan a las adquiridas en Francia, para cuyos nativos, incluso, entraña ciertos obstáculos. A ello, además, es preciso añadir que la lengua hablada por la mayoría de la población de esa zona es el ewé con lo que, la comunicación, en ocasiones, no es tan sencilla como podríamos imaginar, sin ir más lejos, la cocinera del orfanato sólo hablaba ewé por lo que debíamos acudir a los signos para tratar de entendernos en el día a día, pero con voluntad todo es posible.

Esta dificultad se hace patente en el momento de hacer los deberes con los pequeños, ya que la enseñanza oficial es en francés, y los libros de texto están editados en esa lengua, pero sus conocimientos del idioma, en ocasiones bastante deficientes, añaden dificultades comprensivas a los ya habituales problemas de los ejercicios en sí. Quizás será por ello que el tiempo dedicado a realizar las tareas escolares ha sido de los más gratificantes, arduo, pero con resultados positivos en muy corto espacio de tiempo, los avances en matemáticas se mostraban día a día.

Pero, sin lugar a dudas, lo mejor de este viaje ha sido su gente, encantadora, sociable, próxima, acogedora, cercana, mucha de ella conocedora de algunas palabras en español, lo cual sorprende inicialmente y se agradece el esfuerzo en reiterarlas pero, además, muchos de ellos son conocedores de las noticias acontecidas en nuestro país y no sólo es posible mantener conversaciones con férreos seguidores del Real Madrid o del Barcelona, indistintamente, sino que la incredulidad ante el proceso separatista de Cataluña es también fruto de las más diversas cuestiones ¡sorprendente!, máxime si pensamos que la mayoría de nosotros no sabríamos localizar Togo en un mapa.

Y esa alegría y aceptación, unido a un tremendo respeto, se traslada también a la religión, siempre presente en la vida de los togoleses, quienes conviven con diversos credos y las diferentes comunidades dentro de ellos, las cuales realizan una labor inmensa sin la que una parte importante de la población no podría subsistir. Y ese júbilo habitual se evidencia, igualmente, en la realización de los oficios católicos, los que yo he tenido oportunidad de compartir, repletos de alegría, no sólo al lucir los coloridos de sus mejores vestidos para la ocasión, a juego con sus tocados, sino por el entusiasmo de sus gentes, sus cánticos y sus bailes.

Todo ello no impide sentir la desigualdad del color de la piel, en modo alguno negativa, pero sí diferente y ser nombrada como “la blanca” no es ningún agravio, ninguna ofensa, es sólo una cualidad, una evidencia y como tal ha de tomarse.

Eso sí, la convivencia con la naturaleza es en Sanguera una realidad por lo que también es necesario acostumbrarse cuanto antes a la presencia de lagartos vistosos o arañas intrépidas. Pero, igualmente, es muy interesante adquirir ciertos conocimientos sobre las características de árboles autóctonos o largamente cultivados ahí. Gran experiencia fue conocer las propiedades del noní y llegar a hacer té después de lavar sus hojas, dejarlas secar, tostarlas y triturarlas; o hacer polvo de baobab, con multitud de cualidades estimulantes de las defensas, por su gran contenido en vitamina C, además de fibra; o aceite rojo de palma, sin refinar, sin aditivos ni conservantes, todo ello 100% natural, pues, en gran medida, la riqueza togolesa radica fundamentalmente en los productos de la tierra, además de aportar ciertos ingresos para el orfelinato, 

 acometida en la que también participan todos sus integrantes.

Un gran contraste es el que se produce entre la alegría de los niños que viven en el hospicio, combinada con una tremenda vitalidad, y la cantidad de tareas que han de realizar en él para que todo funcione, pues el centro es auto gestionado entre sus miembros. Pero no sólo estos pequeños realizan quehaceres desechados en la cultura europea para los menores, en Togo los niños tienen asignadas muchas labores, tanto en el hogar como en el campo, cuestiones que, en ocasiones, les impiden poder acudir a la escuela.

 

Pero esta experiencia vital me ha dado también la posibilidad de contribuir en un proyecto con iniciativas para tratar de escolarizar a niños que no hacen prácticamente nada, vagan por la calle o desarrollan tareas en el campo, con un futuro incierto, sobre todo para las niñas que, por unas pocas monedas, se ofrecen sexualmente a cambio de algo de comida para su familia. Poder seguir aportando tras mi regreso es algo que motiva para un nuevo viaje.

 

Una experiencia inolvidable, un mes, un suspiro en la vida.

Eva Grueso